A través de la ventana
13 noviembre 2009
Llevo mes y medio sin escribir, coincidiendo con el comienzo del curso.
Este año estoy en segundo y esto va tomando un cariz más serio y profesional, es un curso bastante intenso. Todos los días levantarse a las 6.30, muchas horas atendiendo por la mañana y por la tarde, con una hora para comer de mala manera con la limpiadora amenazando por detrás. Soportando vídeos de los Jonas Brothers en una pizarra electrónica que nadie sabe cómo funciona. Charcos de barro en medio de la oscuridad, ruidos de excavadoras al lado de clase, trozos de edificio volando delante de mis narices. A veces aguantando chorradas a las que ya no estoy acostumbrada, como que me psicoanalice un profesor, que no me dejen entrar en clase, hacer trabajitos en grupo o discutir con la gente por niñerías. Y que a estas alturas todavía me pregunten por qué estudio Enfermería o por qué no lo decidí antes... me aburre.
No sé si es por la edad pero la cabeza se me embota, la espalda me duele y me da la sensación de que la vida se me escapa y no me estoy dando cuenta. A veces me despierto en mitad de la noche con la sensación de haber cumplido ya treinta años y me da un vuelco el corazón cuando descubro que es real, y que aquí sigo: estudiando, intentando labrarme el futuro que yo quiero aunque un poco a destiempo ¡¡Tengo que hacer tantas cosas todavía!! ¿Me dará tiempo? Esa es mi pregunta antes de irme a la cama. Así es que como comprenderéis, lo que menos tengo es inspiración en estos momentos y lo que más echo en falta es DORMIR. Aún con todo lo que me quejo, siempre me recuerdo a mí misma la suerte que tengo de poder hacer lo que hago.
Por otro lado he pasado un mes dudando sobre este blog, entre el poco tiempo del que dispongo, que necesito que el sol me queme un poco la cara y no verlo sólo por la ventana, y que las cápsulas de vitamina B con magnesio se me están terminando, no sé si me apetece ya comunicarme por aquí. Quizás haya llegado la hora de borrarme de todas las redes sociales y dedicarle más tiempo al mundo "real", pero es que por otro lado tengo la certeza de que esto también es real, y de que hay gente ahí, al otro lado de la pantalla, que me importa. Quién me iba a decir a mí que podría sentir emoción, tristeza, dolor, rabia o ganas de mandar a la mierda a alguien que está "más allá" de esta habitación, desde donde escribo y desde donde veo ahora mismo el cielo azul raso, el sol dando en el edificio blanco y a mis perros reclamándome atención.
Mientras me decido, os mando un saludo y me voy a la calle.
Este año estoy en segundo y esto va tomando un cariz más serio y profesional, es un curso bastante intenso. Todos los días levantarse a las 6.30, muchas horas atendiendo por la mañana y por la tarde, con una hora para comer de mala manera con la limpiadora amenazando por detrás. Soportando vídeos de los Jonas Brothers en una pizarra electrónica que nadie sabe cómo funciona. Charcos de barro en medio de la oscuridad, ruidos de excavadoras al lado de clase, trozos de edificio volando delante de mis narices. A veces aguantando chorradas a las que ya no estoy acostumbrada, como que me psicoanalice un profesor, que no me dejen entrar en clase, hacer trabajitos en grupo o discutir con la gente por niñerías. Y que a estas alturas todavía me pregunten por qué estudio Enfermería o por qué no lo decidí antes... me aburre.
No sé si es por la edad pero la cabeza se me embota, la espalda me duele y me da la sensación de que la vida se me escapa y no me estoy dando cuenta. A veces me despierto en mitad de la noche con la sensación de haber cumplido ya treinta años y me da un vuelco el corazón cuando descubro que es real, y que aquí sigo: estudiando, intentando labrarme el futuro que yo quiero aunque un poco a destiempo ¡¡Tengo que hacer tantas cosas todavía!! ¿Me dará tiempo? Esa es mi pregunta antes de irme a la cama. Así es que como comprenderéis, lo que menos tengo es inspiración en estos momentos y lo que más echo en falta es DORMIR. Aún con todo lo que me quejo, siempre me recuerdo a mí misma la suerte que tengo de poder hacer lo que hago.
Por otro lado he pasado un mes dudando sobre este blog, entre el poco tiempo del que dispongo, que necesito que el sol me queme un poco la cara y no verlo sólo por la ventana, y que las cápsulas de vitamina B con magnesio se me están terminando, no sé si me apetece ya comunicarme por aquí. Quizás haya llegado la hora de borrarme de todas las redes sociales y dedicarle más tiempo al mundo "real", pero es que por otro lado tengo la certeza de que esto también es real, y de que hay gente ahí, al otro lado de la pantalla, que me importa. Quién me iba a decir a mí que podría sentir emoción, tristeza, dolor, rabia o ganas de mandar a la mierda a alguien que está "más allá" de esta habitación, desde donde escribo y desde donde veo ahora mismo el cielo azul raso, el sol dando en el edificio blanco y a mis perros reclamándome atención.
Mientras me decido, os mando un saludo y me voy a la calle.







